Infancia

Como todos los días desde que Pepe tenía memoria había soñado que era un animal extraño. Este animal en el que se convertía cada noche cuando cerraba los ojos de cansancio tenía a su parecer cabeza de águila, cuernos de cabra, cuerpo de lagartija, cola de cerdo y patas de dragón. Siempre se acostaba con la esperanza de soñar con el animal y siempre despertaba con una gran sonrisa por haberlo logrado. Lo único que cambiaba cada día era el color. Unos días todo el animal era de color morado, otros rojo como el fuego  había ocasiones especiales en las que muchos colores se confundían y otras donde se veían pequeñas pecas de diversos colores, pero siempre tenía color y a Pepe eso siempre le gustaba.

El primer día que Pepe soñó con eso fue cuando era pequeño, según lo recuerda, él tenía como 6 años  y justo regresaban de casa de su abuelo Tomás. Mientras su papá y su mamá platicaban de cosas que Pepe no entendía con su Tío, él jugaba con su abuelo. Para Pepe su abuelo era increíble, era grande y con voz fuerte como su papá, pero le faltaban algunos dientes como a Pepe, pero lo que mas le gustaba era su risa cuando jugaba al caballito con él. Pero esa noche aunque le gustaba jugar mucho con su abuelo, Pepe tenía sueño, por lo que se durmió en sus brazos.

Sus papás lo llevaron al coche, se despidieron de su tío y de su abuelito y regresaron a su casa.

Llegando a su cuarto Pepe fue puesto en su cama, arropado por su madre y besado en la frente tanto por su papá y su mamá, Pepe abrió los ojos un poco, los vio salir de su cuarto, pero inmediatamente cayó en un sueño profundo.

Pepe estaba volando y su cuerpo no era el de un niño de 6 años, era un animal y como Pepe era valiente no se asustó en ningún momento, sino que tenía una gran sonrisa donde mostraba lo chimuelo que estaba. Este animal le maravilló y mientras volaba encima de árboles y cascadas, pájaros y ríos, Pepe no podía contener su risa y por todo el horizonte se escuchaban sus carcajadas que se parecían a las de su abuelito.

Era súper padre lo que le estaba pasando y cuando despertó se sentía muy feliz, aunque a partir de la noche anterior no volvió a ver a su abuelo.

El siguiente día Pepe no fue a la escuela y se quedó con su papá mientras su mamá desapareció todo el día; su papá le explicó que su abuelito se había ido lejos y que no volvería más a verlo. Pepe no supo porque, pero preguntó si su abuelito estaría volando con él en sus sueños. Su papá lo vio con una ternura que emanaba calor, lo abrazo y le dijo que sí, que su abuelo volaría con Pepe hasta el Sol.

Esa noche su mamá no estuvo para arroparlo en sus sabanas con estrellas estampadas y Pepe trató de dormir, pero no lo hizo hasta que sintió un gran beso en su frente e inmediatamente se encontró volando en el cielo más azul y estrellado que jamás había visto. De nuevo era ese animal mágico con partes de águila, cerdo, lagartija, cabra y dragón, y hoy su cuerpo era azul con puntitos de color rojo por todo el cuerpo. Lo sorprendente no era que Pepe volará, sino que a su lado estaba otro animal, un poco más grande que él y con una barba de color blanco como la nieve que Pepe había visto en el Ajusco la navidad pasada. Este animal que parecía más viejo, lo volteó a ver y le mostró su boca chimuela con una gran sonrisa y en ese preciso momento Pepe supo que era su abuelito él que volaba a su lado.

Volaron sobre cascadas de agua azul y verde, alrededor de árboles gigantescos verdes con enormes manzanas rojas jugosas, en frente de la Luna con su color blanco que resplandecía en el gran cielo y por de bajo de las nubes que parecían algodones de azúcar del más rico sabor. Todo este vuelo lo hacían jugando, persiguiéndose, pero sobre todo riéndose.

Cuando parecía que el Sol saldría en todo su esplendor, el abuelo detuvo a Pepe y le dijo que cuando tuviera problemas o lo extrañara y quisiera verlo, que Pepe cerrara los ojos y volara derechito hacia el Sol, que se riera a carcajadas de todo lo que viera a su alrededor y que solo dejara que su corazón se inundara de fuego tal cual aliento de Dragón. Que si hacia todo esto, él, su abuelito, jamás estaría lejos de Pepe, siempre cuidándolo y acompañándolo.

En eso, sus papás entraron al cuarto a despertarlo y lo vieron dormir con una sonrisa tan grande que lo abrazaron y lo besaron.

Pepe creció increíblemente feliz en los brazos de sus padres y viendo a su abuelito en cada vuelo mágico que se suscitaba al soñar con los colores, con la Luna, con el Sol, con las figuras de animales y con el amor.

Las noches pasaron y Pepe siempre voló con corazón de Dragón.

Microhorror romántico

Me promete una cena romántica y se decanta por el francés. Soborna para que tengamos todo después de que hayan cerrado. Me venda los ojos y me sienta en el lugar reservado. Cuenta 3, 2, 1 y con solo leer “Aquí yace…” comienzo a babear en extremo. Me conoce tan bien…

Lo efímero del show

Había una multitud detrás del cristal, y él, sin inmutarse, comenzó a pintar en el lienzo con pinceladas fluidas ininterrumpidas. Los observadores estaban maravillados, pero vacilaban en cuanto hacia donde mirar. Detrás del vidrio el artista plasmaba su idea, pero por la ventana, se podía observar el nacimiento de esa creación en forma corpórea.

Mientras pintaba frenéticamente, los colores aparecían en el nuevo mundo que se creaba a tan solo unos años luz de la nave estática en la nada. En el ceño del artista se podía vislumbrar que dirección podría tomar el nuevo astro tanto en lo físico, como en lo espiritual. Muchas de sus obras de arte seguían prosperando sin su ayuda en los confines de este y otros universos, por lo que verlo en acción era un deleite para los asistentes.

Todo parecía tan natural, tan fácil, tan perfecto que algo debía romper ese desequilibrio. Un flash casi imperceptible a través del cristal deslumbró al creador, movió de un lado a otro su cabeza y suspiró. Por la ventana nubes negras y explosiones se vislumbraron a lo lejos, por el cristal lienzos desgarrados y pinturas volando. Todo acabó en una segundo y mi padre volteó hacia mi y me dijo “El mejor millón gastados en mi vida.”

Ghost stories (2da parte)

Me senté en la silla por unos momentos, sin saber que hacer. Algunas lagrimas corrieron por mis cachetes y en algún momento me mordí tan fuerte el labio que me saqué sangre. Respiré hondo y me levanté. Caminé hasta la cortina, pero no me asomé. De cerca se observaba una sombra recostada sobre lo que parecía una cama. Mi respiración aumentó, al igual que los latidos de mi corazón. Tomando fuerzas de quién sabe donde tomé la tela y la recorrí. Una sábana sobre un cuerpo postrado frente a mi.

En la pequeña mesa al lado de mi madre, se encontraban sus pertenencias. Una falda azul y una blusa blanca delicadamente doblados. El suéter color crema que le regalé en la pasada Navidad. Una pequeña cadena, un crucifijo, sus aretes de plata y su pequeño monedero. Con manos temblorosas lo tomé y lo abrí. Dentro se encontraban un billete de 100 pesos, algunas monedas, los dulces que yo odiaba, pero ella siempre cargaba, y su identificación. Al ver la credencial mis ojos volvieron a empañarse, tantos momentos, sentimientos, recuerdos, enojos y alegrías comenzaron a inundarme.

Volví a respirar hondo y acaricié su frente sobre la sábana. Después de algunos segundos no lo pude postergar más y la jalé al mismo tiempo que cerraba los ojos por miedo. Al volver a abrirlos un guiño de confusión se apropió de mi cara. Me sequé las lagrimas para no equivocarme por el empañamiento. El cuerpo en la plancha no era el de mi madre.

Me calmé y respiré. Volteé de nuevo hacia el cuerpo y de verdad no era mi madre. Los ojos no eran el tono de café adecuado, la tez era un tono más blanco, la nariz un poco más fina, los labios más carnosos, menos arrugas en la frente, había una cierta similitud, pero no era ella. Nada tenía sentido. Volví a revisar sus pertenencias. Eran suyas, la ropa era suya, el olor que desprendía esta, era el de ella.

Me acerqué un poco más al cuerpo y levanté su mano derecha: nada. No sé porqué caminé al otro lado y tomé la izquierda: ahí estaba la cicatriz. – ¿Qué chingaos está pasando? – vociferé.

La médico entró inmediatamente con cara angustiada – ¿Sucede algo? – – La ropa de mi madre, ¿dónde la encontraron? – – No entiendo su pregunta. – – Sí, su ropa, ¿estaba a su lado, en su cajón, dónde? – – Era la ropa que traía puesta cuando la encontraron. Todo lo que ve en sus pertenencias le fue quitado del cuerpo en este lugar. – me contestó con extrañeza. Mi cerebro corría a cien por hora y buscaba la puerta más próxima. – ¿Se encuentra bien? – – Agua – alcancé a susurrar e inmediatamente me alcanzó un vaso de esta. – Respire profundamente, el shock puede causarle mareos o en algunos casos crisis nerviosas. Siéntese si lo necesita. – – Gracias – contesté. –Si necesita algo más, llámeme – –No necesito nada más, Ya terminé aquí. – Con suspicacia me observó – Identifica satisfactoriamente a la fallecida. – – Así es, es mi madre –.

Firmé varios papeles sin prestar demasiada atención. Me fueron llevando hacia la puerta y me ofrecieron acompañarme hasta mi casa, lo cual rechacé.

Por fin salí de esa tumba, y con una sonrisa en la cara pensé que el asesino a sueldo me debía una explicación y algo de dinero.

 

 

Ghost stories (1era parte)

La llamada hizo sonar mi celular en la madrugada. Medio dormida, con ojos borrosos y brazos torpes estire mi mano hacia él. Me costó un poco agarrarlo y enfocar la pantalla: “número desconocido”. Como pude deslice el dedo para contestar la llamada y con voz ronca articulé un “¿Bueno?” – Buenas noches, busco a la señorita Fontán. – – ¿Para qué la busca? – – Es personal. – Suspiré y dije – Ella habla, ¿qué quiere? – – ¿Roxana Fontán? – – Ya le dije que sí, ¿qué desea? – – ¿Su madre es Regina Avendaño Salas? – Ese pregunta fue la que me hizo despertarme completamente. – Sí, ¿por qué la pregunta? – – Lamento informarle que su madre sufrió un accidente esta noche y a pesar de los esfuerzos de paramédicos y doctores falleció… – Mi corazón comenzó a ahogar mi respiración, al igual que a los sonidos provenientes del teléfono. Me hice bolita, me arropé con mis cobijas de nuevo y comencé a mecerme. No sé cuanto tiempo pasé así hasta que la voz del otro lado del celular me despertó de mi estupor. – Señorita, SEÑORITA, sé que es difícil, pero necesito su confirmación. – –  ¿Mi confirmación? – Balbuceé probando mis lagrimas – Necesito que venga a identificar el cuerpo al INCIFO… –

Cuando me di cuenta iba en el Uber  camino la dirección que me dio el empleado. Creo que el conductor me comentaba algo acerca de la lluvia del otro lado de la ventana o tal vez trataba de ligar a una mujer con el rímel corrido y pijama. Yo solo oía murmullos y mi respiración mientras observaba pasar la noche con mi cabeza recargada sobre mi muñeca derecha observando en mi mano la cicatriz que compartíamos mi madre y yo.

-Llegamos- me dijo. Sobresaltada, despegué mi frente de la fría ventanilla y por un segundo pensé en modificar el destino del viaje, como si eso pudiera cambiar lo sucedido. Abrí la puerta titubeante y salí lentamente del auto hacia la fachada del gran edificio. Era una madrugada fría que mis pantalones de lana mas o menos contrarrestaban, no tanto así mi sudadera. Caminé los pasos en la calle desierta hasta llegar a la escalera del edificio.  Dos uniformados “vigilan” la entrada, y al pasar al lado de ellos, solo mueven la cabeza y alzan un poco sus vasos de café.

Me acerco al único mostrador de la gran sala. El repique de mis flats sobre la loza parece ser el único sonido de la noche y es demasiado fuerte. Una mujer somnolienta alza la vista en el mismo momento que me detengo frente al escritorio. Me quedo pasmada, no sé que decir. La señorita me ve con hastío mientras mastica algo que no termina de tragar. Segundos pasan, suspira y pregunta – ¿Sí? – Mi corazón acelerado empuja las palabras –Busco a mi madre muerta. – Ella no cambia su cara, solo señala una puerta y baja la mirada. Volteó a todos lados, suelto aire y camino a la puerta.

Al cruzarla, un policía se para de su silla y se acerca  – ¿Qué necesita? – Con un susurro apenas perceptible contesto – Me llamaron para identificar el cuerpo de mi madre. – Inmediatamente toma una pequeña carpeta en la silla y me pregunta el nombre de mi mamá. – Regina Avendaño Salas – respondo con un pequeño sollozo. El policía busca minuciosamente en su carpeta en la primera, segunda, tercera hoja. Mi corazón se atreve a pulsar con desconfianza de que todo haya sido un error, pero él se detiene en la quinta página. – Aquí está. ¿Usted es Roxana Fontán? – – Así es. – – El cuerpo está en la sala 3A. Un doctor la estará esperando ahí mismo. Lamentamos mucho su pérdida. – Asiento con la cabeza y digo gracias, siguiendo su dedo indicándome una puerta al final de un pasillo oscuro.

Toco levemente y oigo una voz del otro lado de la puerta invitándome a pasar. – Soy la médico forense Alma Mujica, encargada del caso de su madre. Lamento mucho decirle que sufrió una aneurisma mientras cenaba en su casa. Su vecina oyó un fuerte golpe y fue a investigar, y cuando no escucho respuesta, solicitó ayuda a los servicios médicos. Ellos no pudieron hacer nada cuando llegaron a la escena. De nueva cuenta lo lamentamos mucho. – Yo solo asentía con la cabeza sin entender nada, ya que solo observaba la cortina que englobaba una sombra en medio del cuarto. La señorita me llamó por mi nombre varias veces hasta que reaccioné y decía que entendía. – La dejo a solas. Si necesita algo, estaré afuera –. De nueva cuenta asentí, pero pensaba ¿no estoy a solas, o sí?

En la oscuridad de la noche

Al caer la noche, la luz de la Luna se posó con más intensidad en sus párpados hasta el punto de despertarla. Abrió los ojos con dificultad y percibió el aroma de tierra mojada. Justo cuando cerró los ojos, algunas horas atrás, el cielo comenzaba a nublarse y pareciera ser que mientras estaba inconsciente la lluvia la arrulló con su sonido y con su peculiar olor.

Tardó unos segundos en habituarse a la oscuridad de su cuarto, al contacto de las sábanas con su piel, a las sombras proyectadas en las paredes, pero en especial al sonido de la respiración que no iba a la par con la de ella.

Sus pupilas se dilataron para observar la silueta que yacía a su lado, pero jamás se adaptaron por completo y menos cuando sintió otros labios sobre los suyos. Los labios ajenos primero la besaron con suavidad y temerosos, para después atreverse a besar mas seguros de si mismos y con una pasión desbordante que ella sintió recorrer por toda su piel como escalofrío y que puso su piel de gallina cuando fueron acompañados por un roce sutil de su mano.

Al inhalar profundamente y parpadear por un instante, al calmar lentamente los latidos de su corazón y sonreír, el contacto desapareció y el peso en la cama dejó de existir.

Sorprendida buscó por todos lados del cuarto, debajo de la cama, en cada esquina de la habitación, en el closet, cobijas. En la oscuridad, se comenzó a preocupar por su cordura, pero como siempre una sonrisa despreocupada se dibujó en su rostro y se despreocupo mediante la lectura, pensamientos y la obsesión en su trabajo hasta cerca del amanecer.

Se percató del amanecer cuando volteó de nuevo a la ventana y la Luna se estaba ocultando tal cual Sol. La negrura del horizonte dio paso a colores rojos y naranjas espectaculares que se confundían con el color de sus ojos, por lo que los cerró. En dicho momento sus labios fueron sorprendidos de nuevo, besados con mayor seguridad y tranquilidad.  Comenzó a perderse en el sentir, en las mordidas sobre su labio inferior, en la respiración entrecortada a su lado y en el contacto del abrazo que la envolvía.

Pero su curiosidad la despertó del beso, y le sugirió abrir los ojos. Como si la silueta lo presintiera la comenzó a besar con desesperación y prisa, sin embargo ella respiró profundamente y agitó sus párpados.

Nadie, en la habitación sólo quedaba un aroma amargo y en su boca un delicioso sabor a café.

Bones and ashes

The dragon breath woke him up. It was just a pup, the creature beneath his arm, but its snores were made of fire. Azrael was the name he gave it when he killed its mother but couldn’t quite finish the job. He wondered what a dragon dream would be like.

Azrael dreamt of vengeance, blood and hell.

And in a few years the knight will just be bones and ashes and the wonderment would end.